Existen diversas formas de anemia, que obedecen a distintas causas. Las causas más frecuentes son la formación insuficiente de eritrocitos en la médula ósea, la destrucción prematura de los eritrocitos, las hemorragias agudas o crónicas y las alteraciones patológicas de la hemoglobina.
La anemia se produce cuando el número de eritrocitos –encargados de transportar el oxígeno en la sangre– desciende por debajo de los valores considerados normales. La cantidad normal de eritrocitos en la sangre suele ser de unos 3,9 millones por microlitro (µl) en las mujeres y de unos 4,3 millones por microlitro (µl) en los hombres.
En el caso de la anemia renal, los riñones con daño crónico producen una cantidad insuficiente de eritropoyetina, una hormona esencial para la vida que estimula la formación de glóbulos rojos en la médula ósea. Como consecuencia de ello, se frena la maduración de nuevos eritrocitos en la médula ósea y las células del organismo no reciben oxígeno suficiente. Más del 90% de los pacientes con enfermedad renal crónica padecen anemia renal.
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